Por Jaime Ensignia
La política exterior de José Antonio Kast
¿Tenemos o no política exterior? Sí, pero habita principalmente en la mente de quien es el responsable constitucional de la política internacional del país: el presidente de la república. Previo a adentrarnos en esta reflexión, debemos recordar que, tanto en la primera vuelta como en el balotaje presidencial de fines de 2025, el candidato de los Republicanos nunca se refirió en profundidad a las relaciones internacionales.
Luego de ser elegido, JAK inició una gira por Sudamérica y Centroamérica, priorizando naciones gobernadas por sectores ultraconservadores y libertarios, como el gobierno de Milei en Argentina y el de Bukele en El Salvador. Posteriormente, prosiguió su agenda en Europa, donde se reunió con líderes de la derecha radical en Bruselas durante la VII Cumbre Transatlántica (celebrada del 2 al 4 de febrero) en la sede del Parlamento Europeo. Esta cumbre, organizada por el Political Network for Values (PNfV), reunió a lo más selecto de los movimientos y partidos ultraconservadores, fundamentalmente europeos. Allí coincidió con el líder de VOX, el español Santiago Abascal; la presidenta de Italia, Giorgia Meloni; y el entonces presidente de Hungría, Viktor Orbán. En suma, el mandatario electo se rodeó de la flor y nata del conservadurismo global. Asimismo, a un par de días de la asunción del mando, participó en una cumbre convocada por el presidente de los EE. UU., Donald Trump, denominada “Escudo de las Américas”, que congregó a mandatarios afines de América Latina y el Caribe.
Hacia una “no política exterior de Estado”
En la Cuenta Pública a la Nación del pasado 1 de junio, expuesta por el presidente Kast, llamó la atención la total ausencia de menciones a las relaciones internacionales (RR. II.). Esto ha causado sorpresa y expectación en círculos académicos, expertos y fundaciones políticas dedicadas a la materia, como el Foro Permanente de Política Exterior (FPPE) y otros centros de estudios que han hecho propuestas serias y contundentes a la Cancillería. A lo más, el gobernante mencionó como un hito la realización de la “Cumbre Regional contra el Crimen Organizado” el pasado 28 de mayo con los países limítrofes más Ecuador. Curiosamente, a esta cita no fueron invitados países clave de América del Sur como Brasil y Colombia, limitando la participación a naciones con administraciones de su mismo signo político.
En este mensaje presidencial, Chile pareciera estar al margen de los grandes sucesos internacionales y de la geopolítica global: la competencia estratégica entre China y los EE. UU., las guerras y sus efectos económicos en el Medio Oriente, la confrontación de EE. UU. e Israel contra Irán, y el riesgo de cierre del estrecho de Ormuz. Sumado al genocidio en Gaza, la ocupación militar israelí en Cisjordania y el Líbano, la prolongada guerra ruso-ucraniana y los serios problemas regionales de América Latina y el Caribe, el Ejecutivo nos presenta como un país abstraído del escenario mundial.
Para liderar las relaciones exteriores, Kast nombró como ministro a Francisco Pérez Mackenna, ingeniero comercial muy cercano profesionalmente a la familia Luksic (una de las fortunas más grandes de Chile y la región). En la subsecretaría de la Cancillería designó a Patricio Torres, diplomático jubilado; en la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (Subrei) a Paula Estévez; y en el llamado “segundo piso” —el equipo de asesores de extrema confianza— incorporó a Eitan Bloch Wisniacki, experto en materia internacional que fue asesor de la Embajada de Israel en Chile y director de Asuntos Públicos de la Comunidad Judía. Bloch ha jugado un rol importante en el fortalecimiento de los lazos diplomáticos con el gobierno de Netanyahu y en el nombramiento de embajadores de corte prosionista, como es el caso del representante chileno en Israel, Gabriel Zaliasnik. A excepción del subsecretario Torres y del asesor Bloch, el equipo profesional proviene del mundo de las finanzas y el comercio internacional; son competentes en sus áreas, pero poseen un escaso expertise político-diplomático. No hay duda de que el objetivo central de la Cancillería será convertirse en un ministerio eminentemente económico y comercial en el terreno global, enfocado en promover la inserción de mercados, atraer inversiones y fortalecer relaciones bilaterales. De ahí se explican los viajes del ministro Pérez Mackenna y de la subsecretaria Estévez a la India, EE. UU., China y otros países de la región.
Epílogo
Sin embargo, en la política exterior propiamente tal y en los alineamientos dentro de un planeta en crisis —con el multilateralismo socavado y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) profundamente debilitada—, quien tomará las decisiones y trazará la ruta será JAK y no la Cancillería. Al observar sus primeros 100 días, el mandatario se muestra abiertamente alineado con las directrices centrales del presidente Trump, pilares que representan los cimientos de una agenda internacional de ultraderecha. En el plano nacional, este sesgo ideológico se ha visto reflejado en el rechazo a apoyar la candidatura de la expresidenta Michelle Bachelet al cargo de secretaria general de la ONU —lo que constituye un gran error diplomático—, así como en la designación de embajadores políticos cuestionados por sus antecedentes, sembrando dudas sobre su idoneidad para ejercer dichos cargos.
Finalmente, la política exterior del presidente Kast y su Cancillería se aleja profundamente de la tradición de “Política Exterior de Estado” que primó en el país entre 1990 y 2025.
Hoy, lo que presenciamos es un alineamiento irrestricto con la ultraderecha global.