Por una deliberación de calidad en la Convención Constitucional

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Es urgente contar con un reglamento de funcionamiento que considere comisiones técnicas asesoras de la Convención (y no solo de los convencionales), para ayudar a que el debate sea de la mayor calidad posible en fondo y forma, y donde los ciudadanos puedan igualmente participar en un formato flexible y de amplia convocatoria. Los convencionales tienen la gran responsabilidad de que los chilenos vuelvan a confiar en las instituciones y dar certezas de que serán capaces de cumplir con su cometido histórico. Para ello, cuidar la calidad de la deliberación es fundamental.

Por Daniel Grimaldi. Dr. En Estudios Políticos. Director del área Ideas Políticas y Cambio Social

Casi todos los actores políticos están conscientes de que Chile tiene por delante una de las tareas más importantes de su historia, cuyo objetivo es acordar la manera en que queremos vivir juntos y plasmarlo en la Constitución. Por lo mismo, la forma y el ánimo con que los constituyentes enfrentan la deliberación, sin duda, condicionará los resultados en los temas de fondo.

Deliberar significa discutir, sopesar, evaluar y contrastar argumentos para inclinarse por el mejor. En los principios de la teoría política, una deliberación democrática de calidad tiene sus requisitos, no se trata de discutir bajo cualquier condición y de cualquier modo. Primero, deliberar exige la buena fe, someterse a una discusión con la disposición a cambiar nuestra posición inicial cuando hay argumentos de nuestra contraparte que son atendibles y que muestran evidencia.

En segundo lugar, la deliberación implica contrastar posiciones opuestas, no se puede esperar que, al emitir un juicio o argumento, no haya réplica, por lo tanto, hay que aceptar la disidencia como algo necesario para una buena discusión.

Lo anterior exige de un tercer requisito importante y es que deben presentarse argumentos y no solo opiniones. Los argumentos deben estar destinados a persuadir con evidencia y lógica y no a expresar únicamente una preferencia valórica o ideológica. Finalmente, una deliberación de calidad exige un debate respetuoso y sin descalificaciones en un clima democrático y republicano. Saber escuchar y conciliar posiciones es una cualidad fundamental que la política no debe olvidar.

Estos requisitos ideales enfrentan importantes obstáculos que emanan de las condiciones y reglas propias en que se desarrolla una deliberación política, de los cuales debemos estar conscientes para evitarlos o disminuir sus efectos negativos. Tras observar el desarrollo de las primeras semanas de sesiones de la Convención Constitucional, consideramos particularmente relevante destacar dos:

El primer obstáculo es la preeminencia de la regla de la mayoría. Sin duda, constituye un pilar importante para la toma de decisiones, pero puede tentar a algunos constituyentes a querer expresarla sin intención de tener antes una verdadera deliberación, o hacer de la discusión solo un procedimiento, como tantas veces sucede en los parlamentos. Asimismo, aquellos que asumen de antemano su condición de minoría relativa, pueden renunciar a querer debatir con argumentos y prefieren emitir opiniones descalificatorias, buscando escandalizar y polarizar más que favorecer un intercambio legítimo que dé posibilidad de aceptación a sus posiciones.

El segundo obstáculo es la publicidad de la discusión. Estando asociada a la transparencia e información del proceso hacia los ciudadanos, puede también tornarse en un escenario donde los deliberantes estén más interesados en complacer a sus audiencias que en mostrar su capacidad de diálogo y disposición a acuerdos. En este sentido, es relevante la decisión de la Convención de no permitir prensa en el hemiciclo, para evitar transformar el debate en show televisivo, pero ello no impide que fuera de la Convención los constituyentes más mediáticos y la prensa ávida de opiniones crispantes hagan eco de conflictos exagerados en busca de audiencias, en vez de atender temas de fondo más relevantes.

Las primeras semanas de sesiones de la Convención Constitucional dejan dudas sobre la calidad de la deliberación que podría instalarse en el proceso si no se corrigen estos aspectos. Los convencionales debieran estar conscientes de que su labor requiere de debates de mucha más calidad de los que se observan en el Congreso y no tender a emularlos en sus defectos. Afortunadamente, ningún sector de la Convención tiene la mayoría para imponerse por sí solo y la deliberación deviene un imperativo. La simple opinión debiera, entonces, menguar para dar paso a la razón persuasiva y que las opciones que se decidan se impongan por el peso del mejor argumento. Asimismo, los convencionales debieran ser cuidadosos en no alimentar una cultura de barra brava, por el contrario, animar una deliberación pública con espíritu republicano y en ello igualmente tienen mucha responsabilidad los medios de comunicación.

Por lo anterior, es urgente contar con un reglamento de funcionamiento que considere comisiones técnicas asesoras de la Convención (y no solo de los convencionales), para ayudar a que el debate sea de la mayor calidad posible en fondo y forma, y donde los ciudadanos puedan igualmente participar en un formato flexible y de amplia convocatoria.

Los convencionales tienen la gran responsabilidad de que los chilenos vuelvan a confiar en las instituciones y dar certezas de que serán capaces de cumplir con su cometido histórico. Para ello, cuidar la calidad de la deliberación es fundamental.