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Hasta que la dignidad sea un derecho

SEÑOR DIRECTOR

Las imágenes violentas, humillantes y desoladoras de lo ocurrido recientemente en la Plaza Brasil de Iquique fueron evidencia de cómo el odio, la xenofobia, el racismo y clasismo tuvieron espacio para expresarse. De esta manera, se mostraba al país y al mundo la situación extrema que afectaba, hace ya varios meses, tanto a vecinos como a hombres, mujeres y niños.

Estas familias habían llegado a nuestro país buscando una oportunidad para sus vidas; una oportunidad que se les había prometido encontrar. Habían creído que en Chile encontrarían la dignidad que no habían alcanzado en sus países de origen. Y era la imagen de una pequeña niña con su mochila rosada y solo calzando calcetines, observando los destrozos de sus pocas pertenencias, la que sintetizaba el horror de la miseria de quienes impunemente destruían sus pocas esperanzas y la llenaban de miedo.

Frente a este dolor del que hemos sido testigos, observadores de una crisis migratoria que algunos parecieran “no haberla visto venir”, debemos, como Estado, tener respuestas urgentes. Se trata de problemas que no son nuevos y que no han sido enfrentados a través de una política que se haga cargo de los problemas de fondo. Debemos poner todos los esfuerzos en encontrar soluciones de corto, mediano y largo plazo. Asumamos como país que se trata de una emergencia humanitaria, instando al gobierno a gestionar recursos rápidamente y aceptar ayuda internacional. Se deben establecer campamentos e implementar una regularización rápida bajo visas humanitarias y, sin duda, el gobierno debiera llamar a los países latinoamericanos a suscribir un “Pacto Migratorio Latinoamericano”, acordando cuotas de migración por país bajo una acción de recepción conjunta de emergencia.

El Presidente de la República ha reiterado durante su mandato en innumerables oportunidades que los niños y niñas están primero; en su presentación del Presupuesto para el año 2022 lo hizo de nuevo, priorizando como uno de los ejes la infancia. Pues bien, este es el momento de ser consecuente con sus dichos. La niña de la mochila rosada es solo una entre los cientos de niños, niñas y adolescentes que están sufriendo en esta crisis. Una vez más esta sociedad demanda que el Estado los proteja, y yo añado, hasta que la dignidad sea un derecho.

Alejandra Krauss

Presidenta de Chile 21