Europa, región neurálgica en el escenario mundial

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Elecciones en el Parlamento Europeo

  • Asedio político de la ultraderecha: votación de partidos y movimientos ultraderechistas ronda el 25 %.
  • Partidos políticos tradicionales a la baja: Partido Popular Europeo y agrupados en el Partido Socialista/Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas sufren importante merma.
  • Alianza de Liberales y Demócratas por Europa y Verdes/Alianza Libre de Europa aumenta considerablemente su caudal electoral.

China-EEUU: nueva fase de la guerra fría

  • Economía global se verá afectada por conflicto China-EEUU y por aranceles impuestos por los EEUU a productos chinos, europeos y mexicanos
  • La disputa no es solo comercial; se juega la hegemonía tecnológica en el mundo.
  • Se prevén coletazos para América Latina y el Caribe, incluido Chile.

Elecciones en el Parlamento Europeo: una mirada no complaciente

La Unión Europea (UE) es una región neurálgica en el escenario mundial, sobre todo cuando se prevé una nueva faceta de la “guerra fría”. Mientras las tensiones económicas, comerciales y especialmente tecnológicas entre las dos grandes potencias, China y los EEUU se incrementan de manera alarmante, Europa -Rusia incluida- debería ser un actor político en la mediación entre estos dos colosos, llamándolos a buscar soluciones a través de organizaciones internacionales como la Organización Mundial de Comercio y Naciones Unidas. Más allá del complejo escenario que atraviesa la UE -alza del ultranacionalismo, inmigración, xenofobia, medioambiente, reforma de sus estructuras y, el BREXIT- el viejo continente tiene una invalorable experiencia para buscar salidas a conflictos internacionales.

La elección parlamentaria europea que se desarrolló entre el 23 y 26 de mayo pasado, es la segunda en convocatoria después de la de India. Más de 420 millones de ciudadanos y ciudadanas de los 28 países que integran la UE fueron convocados a emitir su voto para elegir 751 escaños de la Eurocámara. La participación electoral, según los analistas, fue extraordinaria en comparación a comicios anteriores (2004=49,50%; 2009=43%; 2014=42,6%). En esta ocasión la participación ciudadana alcanzó el 52%. Una posible explicación pasa por el interés de parte importante de la ciudadanía por poner límites al  peligro que significa la irrupción de la ultraderecha, nacionalista y homofóbica. Si bien fue posible moderar esta ofensiva,  las fuerzas ultranacionalistas quedaron representadas con aproximadamente un 25% de la votación, porcentaje preocupante en el escenario actual europeo. Las organizaciones y partidos de ultraderecha logran estos resultados por primera vez en 69 años desde la Declaración de Schumann que impulsó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (1951) que daría origen a la Comunidad Económica Europea (1957) y, finalmente, a la Unión Europea  en 1993. Sumando todas las fuerzas políticas ultraderechistas, el resultado sorprende: con 172 escaños se convertiría en la segunda fuerza política a nivel europeo en estas elecciones de 2019.

Las elecciones para el Parlamento Europeo fueron un fuerte golpe bajo la línea de flotación de las familias políticas europeas. Por primera vez, el Partido Popular Europeo (PPE), coalición de partidos de la centro derecha (CDU-CSU, de Alemania, el PP de España, entre otros) y  socialistas, laboristas y socialdemócratas, agrupados en el Partido Socialista Europeo/Alianza Progresista de Socialista y Demócratas de Europa pierden la primacía política que ostentaban desde las primeras elecciones al PE (1979 – 2014). Fenece el bipartidismo encabezado por estas dos grandes familias,  protagonistas del acontecer político y social de la Europa post segunda guerra mundial.  El PPE, siendo el partido más votado, sufre una merma de 38 escaños. Por su parte los socialdemócratas y socialistas pierden 36 diputados; los partidos más golpeados son el SPD alemán, los socialistas franceses y los griegos.  Los ganadores de la contienda, al margen del ultranacionalismo que en forma conjunta gana más de 87 escaños,  son Los Verdes/Alianza Libre de Europa que suben de 52 a 70 escaños y la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa, que logra 39 puestos más en el Parlamento.  Los temas que se tomaron la agenda son medioambiente; migración; políticas de defensa; zona Euro, cambio de reglas del juego en la política fiscal y financiera; política exterior; política social y ampliación de la UE.

Consecuencias políticas colaterales  

Los resultados electorales trajeron consecuencias políticas para algunos de los gobiernos de la UE:

  • Austria. El affaire del ex jefe del grupo ultranacionalista FPO y ex ministro del interior Heinz Christian Strache al ser grabado en un video en donde ofrecía a un oligarca ruso contratos públicos a cambio de apoyo financiero electoral, implicó la salida inmediata del gobierno de este grupo. A la vez, el parlamento austríaco aprobó un voto de censura al gobierno de Sebastian Kurz con lo cual habrá elecciones anticipadas en los próximos meses.
  • La victoria de la Nueva Democracia (ND), partido conservador griego, con una ventaja de más de 9 puntos sobre el partido de gobierno Syriza liderado por el primer ministro Alexis Tsipras, obligó a adelantar las elecciones legislativas para el mes de junio. El gobierno de izquierda griego de Tsipras entra en una etapa de difícil pronóstico en cuanto a su permanencia y proyección en el ejecutivo.
  • Depresión para los partidos de la Gran Coalición (Groko) en Alemania, conformada por  la CDU-CSU y SPD, en donde el partido de la Canciller Merkel bajo 7,6% en estas elecciones europeas, en tanto que el SPD prosigue con su caída libre con una baja de 12%, relegado a la tercera posición por debajo de Los Verdes. Pronóstico reservado para la Groko, en donde al interior de las filas socialdemócratas cunde el escepticismo acerca del futuro político de este partido y relevantes dirigentes exigen la salida del SPD de esta “gran” coalición. 

China – EEUU: una guerra fría siglo XXI

Cumpliendo con sus promesas electorales y con su eslogan América First, Trump ha sacado a los EEUU del Acuerdo Climático de París y del TPP; ha rebajado los impuestos a la clase media y a los empresarios, favoreciendo por cierto a estos últimos; ha establecido barreras más drásticas para la entrada de migrantes, llegando a violar DDHH al separar padres/madres e hijos/as; ha reconocido Jerusalén como la capital de Israel; ha estrechado sus relaciones con Putin y al mismo tiempo se ha alejado de sus aliados tradicionales de la Unión Europea; ha denostado y debilitado la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y ha iniciado el camino tendiente a la protección de la industria nacional con la elevación de aranceles a los productos chinos y de otros países. Le resta, finalmente, construir definitivamente el prometido muro en la frontera con México con el objetivo de impedir la inmigración de los países centroamericanos. Recientemente, Trump ha tomado medidas arancelarias contra México como represalia por permitir el libre tránsito de los inmigrantes. Todas estas políticas desafían el orden internacional e introducen medidas proteccionistas de grueso calibre en lo económico.

Ahora sí: la “guerra comercial” en marcha

En el plano global, la agenda internacional se ha visto tensionada por las medidas de la administración de Trump en relación al arancelamiento de los productos chinos en  particular, pero también a productos europeos y de otros países del llamado primer mundo. Fiel a su política proteccionista, Trump ha agudizado su ofensiva arancelaria en contra de las grandes potencias exportadoras. China ha reaccionado poniendo aranceles elevados a los productos norteamericanos, y paralelamente ha buscado alianzas económicas y políticas con la Unión Europea. En julio del  pasado año, Ángela Merkel y Li Keqiang, primer ministro de China  suscribieron 22 acuerdos en Berlín fortaleciendo las relaciones políticas y comerciales. Al mismo tiempo declararon que Alemania y China se rigen por las normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), recociendo ambos países el multilateralismo como forma de encarar las relaciones comerciales.  Cabe recordar que la rivalidad entre China y EEUU es de larga data y va desde el área tecnológica hasta el control del mar del sur de China.  La administración Trump ha calificado de “rival estratégico” al país asiático en una de sus últimas evaluaciones de seguridad nacional; aprueba legislación para vetar las inversiones chinas en el sector tecnológico e intensifica sus gestos hacia  Taiwán, que China considera parte de su territorio.

Las tratativas para atenuar la guerra comercial no han dado los resultados que se esperaban pese a los numerosos encuentros entre altas autoridades de ambos países. Actualmente –junio de 2019- las conversaciones están detenidas. Los medios de comunicación y la prensa internacional se han focalizado en las sanciones económicas comerciales por parte de los EEUU a los productos chinos; la  elevación de aranceles y boicot a las exportaciones chinas en el mercado interno norteamericano, y la presión del gobierno norteamericano para que los países europeos y latinoamericanos tomen distancia de China en lo económico, comercial y tecnológico. China ha respondido con calma a los embates del gobierno de Trump pero también con firmeza, elevando los aranceles a las exportaciones de los EEUU. Sin embargo,  el meollo de la controversia iniciada por los EEUU en contra de China, estaría en la llamada “guerra tecnológica”. Manuel Castells[1] señala que la presentación del nuevo modelo Mate X de Huawei ha desatado una violenta reacción del gobierno estadounidense vinculada con que “en opinión de la mayoría de los expertos, Huawei posee la tecnología de diseño y fabricación más avanzada del mundo en las redes de comunicación 5G”. Las consecuencias del gran paso dado por China, más allá de lo comercial, serían  geopolíticas, puesto que, según Castells, “la construcción y gestión de la(s) red(es) 5G se convierte en un campo esencial de la lucha por el poder y el dinero, porque vivimos en la época del capitalismo de los datos y los datos sirven cuando pueden ser procesados y conectados”.

En este escenario, el temor de EEUU ante la posibilidad de perder su liderzago internacional aumenta en la medida en que se incrementa  el poder económico y político de China, sin embargo “las medidas geopolíticas y económicas que aplica para evitarlo son ineficaces y podrían perjudicar profundamente los intereses y el bienestar de sus propios ciudadanos”[2] .

China-EEUU: coletazos en América Latina y el Caribe

Los países en América Latina y el Caribe no pueden estar al margen del conflicto chino-norteamericano. Las tensiones en la economía internacional entre megapoderosos planetarios afectarán el desarrollo económico y crecimiento de las naciones de nuestro subcontinente. EEUU, históricamente y China, en las últimas décadas, tienen fuerte gravitación en la región. China ha aumentado considerablemente su influencia en países neurálgicos de América del Sur como Argentina, Brasil, Uruguay y Chile; mientras que en Centroamérica las inversiones chinas no dejan de crecer. Chile tiene  una de las economías más abiertas en el mundo, con 26 Acuerdos Comerciales con 64 mercados, lo que hace previsible que el país se  vea seriamente afectado por el aumento del proteccionismo. En 2018 las exportaciones chilenas a China superaron el 30%, mientras que a los EEUU alcanzaban el 17%. China, es por lejos el primer socio comercial de Chile. El  mejor escenario para el país es uno donde el comercio y las inversiones respondan a un conjunto de reglas concordadas multilateralmente. Esto es, precisamente, lo que parece estar en riesgo.

La agenda en las elecciones al Parlamento Europeo: medioambiente; inmigración; políticas de defensa; zona Euro, cambio de reglas del juego en la política fiscal y financiera; política exterior; política social y ampliación de la UE.

Fiel a su política proteccionista, Trump ha agudizado su ofensiva arancelaria en contra de las grandes potencias exportadoras. China ha reaccionado poniendo aranceles elevados a los productos norteamericanos pero al mismo tiempo ha buscado alianzas económicas y políticas con la Unión Europea

Cabe recordar que la rivalidad entre China y EEUU es de larga data y va desde el área tecnológica hasta el control del mar del sur de China. La administración Trump ha calificado de “rival estratégico” al país asiático en una de sus últimas evaluaciones de seguridad nacional.

El  mejor escenario para Chile es aquel en donde el comercio y las inversiones respondan a un conjunto de reglas concordadas multilateralmente. Esto es, precisamente, lo que parece estar en riesgo.


[1] Castells, Manuel “La revolución tecnológica” en La Vanguardia, 30/3/2019

[2] Le Monde Diplomatique Edición Cono Sur, abril 2019, p.16.