A pesar de las excusas y falta de voluntad, no todo está perdido

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Eduardo Vergara B., Director Ejecutivo de Chile 21

Simple. Si no existen mayorías transformadoras con poder para representar las demandas sociales dentro de la Convención Constituyente el resultado puede ser desastroso. Y el desastre no será político, sino que las consecuencias estarán sobre el rumbo del espacio nacional compartido. Después de tanto esfuerzo y lucha por parte de una ciudadanía por generaciones cansada de abusos y desigualdad, la Nueva Constitución puede terminar reflejando la mirada de la minoría heredera de quienes escribieron la constitución que hoy nos rige. La derecha entendió la importancia de defender sus privilegios y por eso mismo la unidad llegó con pragmatismo desde RN hasta Kast. 

Una de las razones que reinó para justificar la incapacidad de unidad en la oposición fue la ausencia de mínimos comunes programáticos. Sin embargo, estos puntos de unidad base existen, tal como lo demostramos en el proceso ejecutado por Chile 21 junto a 12 presidentas y presidentes de partidos desde la DC, hasta el PC y el FA. Pero cuando esto quedó en evidencia, rápidamente se buscó otra excusa para impedir la unidad electoral. Las razones son diversas y la pequeñez de algunas de ellas ni siquiera valen la pena ser mencionadas. 

Independiente de las mezquindades, incapacidades, personalismos y la irresponsabilidad política que hemos visto hasta ahora por parte de algunos, lo que necesitamos es dejar los lamentos inconducentes y llantos de buena crianza encubiertos de falsas mutilaciones para pasar a encontrar un camino que evite el desastre. Esto parte por reconocer que hay partidos a los que simplemente la unidad no le conviene y encuentran en la dispersión una oportunidad para garantizar la sobrevivencia electoral como minoría demandante y cuartos de página en los diarios que lee la élite. Con todo, urge además asumir que no hablamos de dos listas sino de tres o más. La unidad programática que se requiere debe ser con los independientes con que se comparte una visión país. 

Lo segundo es estar preparados para los acuerdos. Al no existir una lista única, la dispersión obligará al diálogo con sectores de la derecha no solo para cerrar acuerdos, sino que evitar que temas relevantes queden en blanco. Quienes hoy no están disponibles para ceder en pos de un bien superior, no pueden salir mañana a criticar negociaciones dentro de la CC. El fracaso de la unidad hará que eso sea inevitable. 

En tercer lugar y para rescatar los acuerdos programáticos entre las diferentes fuerzas, es necesario despejar los intereses presidenciales de los partidos ya que transforman todo en una pauta de prensa donde piensan que marcar diferencias o cruzar culpas puede ser funcional a su ambición presidencial. No olvidemos que los principales responsables del fracaso o la unidad terminarán siendo los y las timoneles de los partidos políticos. Cuando todo esté perdido en la conformación de una lista unitaria, el objetivo debe ser reiterar el esfuerzo programático que actúe como pegamento mínimo para el proceso constituyente que se viene. 

Mientras los cuadros políticos demuestren incapacidad, le corresponderá a los centros de estudio seguir buscando la unidad programática en temas fundamentales y profundizar en otros tan abandonados como la seguridad ciudadana, el desarrollo económico y la matriz productiva. A pesar del fracaso unitario de una lista, no nos podemos dar por vencidos. Aunque pocas, esperanzas quedan. 

Publicado originalmente en La Tercera.